EL FERROCARRIL

Autor: Juan Antonio Corichi Barceinas & Nazim Avendaño Ramos

 

Sería imposible comprender al ser humano si no es a través de su obra, de su creación e invención sensible, de su concepción y representación de la realidad que le rodea. La razón por la que un individuo se reconoce como representado por las características de un grupo humano se reduce a un único concepto: su patrimonio cultural. Los bienes patrimoniales adquieren un papel crucial en la creación y consolidación de un imaginario colectivo, el cual a su vez permite la construcción de la identidad local.

Tlaxcala, a pesar de ser el estado más pequeño de la república, es inmenso en su riqueza cultural. La grandeza de sus sitios arqueológicos, la belleza artística de sus iglesias y conventos, la riqueza ancestral de sus costumbres y tradiciones, sus excelsos artistas y artesanos, la raíz profunda de su historia y la generosidad de su gente, anfitriona por tradición, son el testimonio del sello cultural que hoy ostenta esta milenaria tierra. Son muchos los ecos patrimoniales que visten a Tlaxcala pero, sin lugar a dudas, la llegada a este territorio del ferrocarril sienta un referente histórico que ha dejado su marcada impronta.

Sabemos que durante su caminar en el tiempo, el transporte en México tuvo cambios realmente importantes con el impulso que le dieron los hermanos Manuel y Antonio Escandón y Garmendia, dos de los más destacados industriales del siglo XIX. Aunque poco se conoce de ellos, cada vez más se ha escrito acerca de estos personajes, tan ligados a la historia de Apizaco y, en especial, al Ferrocarril Mexicano. Con el correr de los años y tras sortear una serie de contratiempos, como la muerte de Antonio Escandón en 1862, es a mediados del siglo XIX que su hermano Manuel, con el apoyo y la simpatía de Maximiliano de Habsburgo, establece el primer servicio de diligencias entre México y Veracruz; este hecho es muy significativo en el recuerdo de los ferrocarrileros, al conceder el privilegio a la ciudad de Apizaco como una de las primeras estaciones formales del Ferrocarril Mexicano.

Así, el ferrocarril llegó para quedarse y, con ello, toda la pléyade de historias, memorias y recuerdos que marcaron la sonomía de esta ciudad.

En la constante e inacabable hazaña por preservar y salvaguardar nuestros valores culturales, el Gobierno del Estado que preside el maestro Marco Mena, el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura y el tesón de Juan Antonio Corichi y de Nazim Avendaño, dos entrañables colaboradores, se unen con pasión en esta sensible odisea visual que, estamos convencidos, generará un diálogo con nuestros distintos públicos. Con el concurso de fotografía antigua, cuyo tema fue el ferrocarril en Tlaxcala, y la publicación del presente catálogo sobre las estaciones de tren en el estado, ponemos en sus manos un producto cultural que contribuirá a la educación estética y visual de nuestros niños y jóvenes, pero sobre todo a la difusión del patrimonio cultural de Tlaxcala. Estas imágenes son un espejo hacia el pasado, un cúmulo de vestigios que permite comprendernos a nosotros mismos, desde el ahora y el aquí, para saber quiénes somos y hacia dónde queremos dirigimos. Porque la identidad no sólo da rostro sino también pertenencia.

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